miércoles, 18 de septiembre de 2019

¿Quién da más?

No quiero que me vendas
todas tus virtudes.
Si quieres darme algo...

Dame paz,
que estoy lleno de guerras.
Dame calma,
que vivo en la tormenta.
Y dame verdad,
en un mundo de mentiras.

sábado, 15 de junio de 2019

Heraclio



Heraclio nació con una rara afección. Heraclio, desde el momento en que recibió la primera de las muchas bofetadas que le daría la vida, tuvo alergia a la letra u y a todas las cosas cuyo nombre la contuviera, menos a él mismo. Cuando lo supieron, sus padres decidieron ponerle un nombre con el que pudiera gozar de las demás vocales, por eso le llamaron como el as de oros.

Desde pequeño Heraclio se acostumbró a beber solamente leche y a bañarse con toallitas. A los dieciocho años había decidido que su palabra favorita era castaña, pero claro, a los dieciocho años Heraclio nunca había sentido las cosquillas detrás de la oreja que producen los susurros ni había sentido la infantil fascinación ante la palabra tan mágica que es libélula.

Heraclio nunca conoció el azul, y, aunque no lo admitía, estaba triste por ello. Por supuesto, tenía el verde y el rojo y no le importaba perderse el púrpura, porque pensaba que sería como el violeta; pero no soportaba tener que imaginarse el azul. Imaginaba que el color del que se hacen los sueños tenía que ser el más bonito de todos.

Heraclio supo que iba a morir el día que se enamoró. Se llamaba Gumersinda y tenía los ojos marrones más profundos que nadie pudiese imaginar. Heraclio comenzó a escribir para ella.

Al principio a Gumersinda le pareció una persona muy agradable. Cuando, poco a poco, se fue enamorando de él, se dio cuenta de que al tenerle le mataría.

Al no tener unos, cuatros ni nueves, a Gumersinda le costaba contar el tiempo, por eso no supo que, cuando se tocaron por primera vez, habían pasado 13 meses y 8 días desde que se había enamorado. Catorce minutos después de un largo abrazó había llorado al mirar sus ojos. A los dieciocho Gumersinda sólo llevaba puesto su colgante de plata.

Poco después, Heraclio había muerto. Poco después, Heraclio se había convertido en el color azul, en cada susurro, en cada libélula.

lunes, 27 de mayo de 2019

Mi carta en el camino


- A tí:
Gracias por tus besos en esas “noches de fuego”.
Gracias por quejarte.
Gracias por ser tan difícil.
Gracias por soportarme.
Gracias por no saber qué decir.
Gracias por, a veces, decirlo.
Gracias por hacerme llorar.
Gracias por escucharme.
Gracias por enseñarme otro nombre para mí.

- A vosotros:
Gracias por acompañarme cuando no puedo más.
Gracias por soportar mi cinismo.
Gracias por las risas.
Gracias por la primavera.
Gracias por todas las ideas que nunca hacemos.
Gracias por haberme dejado crecer.
Gracias por los vicios.
Gracias por inventar palabras.
Gracias por salvarme las semanas

- A los demás:
Gracias por el existir.
Gracias por leerme.
Gracias por esos esfuerzos que hacéis sin daros cuenta.
Gracias por comprender que sea un vago.
Gracias por crear cosas que alimentan mi alma.
Gracias por mirar mis rarezas, y juzgarme y hacerme más fuerte.
Gracias por las cervezas en los quintos.

- A mí:
Snap out of it, gilipollas.




jueves, 2 de mayo de 2019

Sísifo para dos

Lo sé, a veces es muy duro ¿Verdad?


Tienes una piedra en el corazón,
y hay días que pesa tanto que no se puede hacer nada.

Pero no tienes por qué pasarlo sola.
Si lo necesitas, estaré a tu lado.

Para escucharte en silencio.
Para intentar entenderte.
Para intentar ayudarte…

O si no quieres nada de eso,
Para acompañarte en tu carga.
Supongo que escribo para una "ella" ilusoria porque soy un poco heterobásico.

Paracaidismo emocional


Siempre es incierto el resultado, 
el riesgo que corres al saltar.
Pero tienes que saltar.

Porque si no saltas, 
te perderás la emoción del salto.
Y qué es ese salto, 
sino la vida misma.

Y porque pase lo que pase,
sea bueno, o malo el resultado,
siempre habrá alguien sujetándote, 
abriéndote un paracaídas.

Y ese alguien, eres tú mismo.

Así que menos pensar qué pasará, 
menos miedo... 
Y más vivir. 

Esa es la receta para nunca arrepentirse de nada.

Como decía Tennyson sobre el amor, aunque sirve sobre todas las cosas:

“Mejor amar y haber perdido, que jamás haber amado”

domingo, 21 de abril de 2019

Cuando piensas sobre relaciones en voz alta


Lo mejor de la soltería, dicen, 
es que haces lo que quieres, cuando quieres...

Lo mejor de tener pareja... 
es que haces lo que quieres, cuando quieres… 
y con quién quieres.

Al menos, las relaciones sanas, 
las que merecen la ¿Pena?
No, mejor la alegría.

No se, no veo tanta diferencia, 
ni porque actualmente las personas,
inventan tantas razones para temer lo segundo y desear lo primero.

Llamadme romántico si queréis…

Pero dudo que os responda, que me llamo Jose.

Y a las cosas, por su nombre.

martes, 9 de abril de 2019

A veces

A veces cambian las cosas. A veces cambian las personas. A veces cambias tú. 

A veces utilizamos el odio para acabar con el amor. A veces necesitamos ese amor, pero nos empeñamos en odiar. 

A veces miro al mundo y le perdono por ser como es y no ser como debería. El mundo nunca me mira y rara vez perdona a quien es como es y no como debería. 

A veces escribo sin pensar y otras pienso y no escribo. 

A veces actúo sin pensar y otras pienso y no actúo. A veces querría haber actuado y a veces querría haber pensado. 

A veces querría volar. A veces querría amar. 

A veces pienso que seré y otras pienso que ya fui. A veces pienso que soy. A veces me pregunto qué seré y otras me pregunto qué fui. A veces me pregunto qué soy. 

A veces me gusta respirar la primavera que nos regala el invierno. 

A veces lloro con la lluvia y otras río mientras llueve. 

A veces es sí y a veces es no... 

A veces la belleza de lo cotidiano me deslumbra, mientras que a veces la monotonía de lo cotidiano ensombrece mis sentimientos. 

A veces pienso en los que no están y lloro y a veces pienso en ellos y sonrío. A veces pienso en los que están y lloro y a veces pienso en ellos y sonrío. 

Es curioso lo que, a veces, pasa...

domingo, 7 de abril de 2019

El Barco


Últimamente, antes de soñar, pienso en un barco.

Un barco con un aguerrido y loco capitán y valientes y aún más locos marinos. Un barco con historias y aventuras, tesoros y princesas, batallas y travesías, desconocidas playas y horribles tormentas.

El barco a veces navega por interminables mares, desde su nacimiento en una lágrima hasta su desembocadura en el infinito de una sonrisa. Otras veces es un simple juguete en una pequeña bañera en un barrio cualquiera.

Lleva escritores, lleva poetas, lleva músicos y lleva magos. Lleva también asesinos, ladrones, piratas y fantasmas.

En él van la vida y la muerte jugando a las cartas con la suerte y el destino, con la risa y el llanto. La primera ganó, la segunda ganará. La tercera y la cuarta controlan la partida sin que las otras sepan que están ahí. Las dos últimas siempre hacen trampas.

El barco soy yo y emprendo aventuras, y el barco soy yo y me hundo y nunca llego. El barco a 
veces es nadie y otras es ella.

Las velas son su sonrisa. Y avanza. El ancla, la distancia. Y se detiene.

Por la tabla pasan incesantemente minutos y horas que caen a los tiburones del olvido. A veces una sonrisa se lanza desde la cubierta para rescatarles. Muchas son las veces que casi tiene que tocar el fondo para recuperarlas.

El barco cambia pero sigue igual. Si se rompe se repara y si se repara nunca se rompió.
Por las noches no se detiene, sino que vuela. Visita lugares imposibles y vive historias que nunca ocurrirán. Con el sol regresa de los sitios donde no estuvo y trata de recordar lo que no le pasó.

En cubierta, dirigiendo, una figura. Bella, femenina, pequeña, gris, pero alegre. Inteligente, dura, fuerte, de hielo, pero el fondo cercana. Sus palabras mueven el timón. Sus gestos, las velas. Sus besos, los remos.

Hay marinos que comparten, respetan, ayudan y ríen. Hablan y juegan. Todos juntos recuerdan. Aprenden unos de otros lo que nunca nadie podrá enseñar.

Hay fantasmas. Unos son respetados y admirados. Los otros temidos. Los respetados, majestuosos, firmes, infinitos, luchan dentro y fuera contra los temidos, que aparecen, que dañan, que asustan.

Y entonces, sin darme cuenta, te sueño...