Últimamente, antes de soñar, pienso en un barco.
Un barco con un aguerrido y loco capitán y valientes y aún más locos marinos. Un barco con historias y
aventuras, tesoros y princesas, batallas y travesías, desconocidas playas y
horribles tormentas.
El barco a veces navega por interminables mares, desde su
nacimiento en una lágrima hasta su desembocadura en el infinito de una sonrisa.
Otras veces es un simple juguete en una pequeña bañera en un barrio cualquiera.
Lleva escritores, lleva poetas, lleva músicos y lleva
magos. Lleva también asesinos, ladrones, piratas y fantasmas.
En él van la vida y la muerte jugando a las cartas con la
suerte y el destino, con la risa y el llanto. La primera ganó, la segunda
ganará. La tercera y la cuarta controlan la partida sin que las otras sepan que
están ahí. Las dos últimas siempre hacen trampas.
El barco soy yo y emprendo aventuras, y el barco soy yo y
me hundo y nunca llego. El barco a
veces es nadie y otras es ella.
Las velas son su sonrisa. Y avanza. El ancla, la distancia. Y se detiene.
Por la tabla pasan incesantemente minutos y horas que caen a los tiburones del
olvido. A veces una sonrisa se lanza desde la cubierta para rescatarles. Muchas
son las veces que casi tiene que tocar el fondo para recuperarlas.
El barco cambia pero sigue igual. Si se rompe se repara y si se repara nunca se
rompió.
Por las noches no se detiene, sino que vuela. Visita
lugares imposibles y vive historias que nunca ocurrirán. Con el sol regresa de
los sitios donde no estuvo y trata de recordar lo que no le pasó.
En cubierta, dirigiendo, una figura. Bella, femenina,
pequeña, gris, pero alegre. Inteligente, dura, fuerte, de hielo, pero el fondo cercana.
Sus palabras mueven el timón. Sus gestos, las velas. Sus besos, los remos.
Hay marinos que comparten, respetan, ayudan y ríen. Hablan
y juegan. Todos juntos recuerdan. Aprenden unos de otros lo que nunca nadie
podrá enseñar.
Hay fantasmas. Unos son respetados y admirados. Los otros
temidos. Los respetados, majestuosos, firmes, infinitos, luchan dentro y fuera
contra los temidos, que aparecen, que dañan, que asustan.
Y entonces, sin darme cuenta, te sueño...