miércoles, 19 de diciembre de 2018

Flores


En realidad nunca pasaba por esa calle. Normalmente iba por otras atajando. Pero ese día me apetecía andar. Era uno de esos atardeceres extraños de primavera. De esos en las que los olores te rozan, hueles los colores que no existirían en otro momento y casi tocas el silencio. Así que decidí andar un poco más. Cuando lo piensas es cuando crees en el destino. "Si hubiera ido por donde siempre...". Bueno, tengo la teoría de que al final, si no pasa nada extraordinario no nos fijamos y si pasa algo más extraño ya asociamos esa  coincidencia con el destino. Buscamos esa acción discordante, ese paso que no damos normalmente y ahí está el destino tejiendo los hilos de la casualidad.


El caso es que era un atardecer maravilloso. No había nadie por las calles por las calles. Y que poco importaba. La verdad es que por las calles de cerca de mi casa nunca hay nadie. De hecho me sorprendió ver a ese señor solo, sentado en un banco del paseo. Miraba los árboles, que ya florecían. Me saludó y le devolví el gesto por cortesía, casi mecánicamente. No le había visto en la vida, pero guardo cierto respeto a las personas mayores. No a todas, pero él emanaba una fuerza extraña. Cuando pasé por delante de él, me llamó. "Chaval" me dijo, "¿Te importa sentarte un rato aquí conmigo?" Le miré extrañado. No me daba miedo, pero me parecía una petición un tanto extraña. "No, en absoluto" dije mientras me sentaba.


Ninguno abrió la boca en un largo rato. Nos quedamos mirando al infinito. No sé él, pero yo pensaba en ella. La iba a ver pronto. Como cada vez que la recordaba, apareció una fugaz sonrisa en mi cara. Tal vez podría llevarle una de esas flores... Seguro que le parecería cursi. A mí también me lo parecía. ¿Qué pensaría el hombre de esa idea? Le miré y sonrió. Volvió a dirigir su vista hacia las flores. Volví a pensar en ella.

"Me voy a morir. Me voy a morir en poco tiempo. Pero no hace falta que llames a ningún médico, no necesito vivir más. ¿Sabes? Hace tiempo que estoy solo. Una vez amé a una mujer, pero murió. De eso hace ya mucho tiempo. Yo tendría un par de años más que tú. Ella era más pequeña. Estalló la guerra y a los pocos meses murió. Al principio desconfiaba de mí, intentaba mantener la distancia, finalmente nos juramos amor eterno. Ella se vio forzada a cumplirlo, así que yo también. No he vuelto a amar. Cada noche soñaba con ella. Durante el día no podía tenerla, pero por las noches era mía. Hace tiempo decidí reunirme con ella, pero nunca me atreví a acabar con mi vida. Ahora por fin ha llegado mi momento. Supongo que no creerás en Dios. Yo tampoco creía, pero cuando te haces mayor empiezas a hacerlo. Tal vez por miedo. Yo desde luego lo hice por miedo. Por miedo a no volver a verla, evidentemente. Sé que Él sabrá perdonarme los pecados que cometí en mi juventud. Sólo maté una vez y fue por no morir. Entonces ella todavía estaba a mi lado. Pero se fue a los pocos días de hacerlo. Entonces no pensé que me la hubieran quitado por lo que hice. Más adelante sí, más adelante llegué a creer que había sido un castigo. ¿Ahora? Ahora no lo sé. Espero que no, nunca me lo perdonaría. Creo en un Dios justo, no en uno que lance su ira contra las personas. Creo en uno que me la devolverá después de tanto tiempo."

Nunca había escuchado algo con tanta atención. Normalmente me cuesta no distraerme. También me cuesta mirar a los ojos, creo que por inseguridad. A él parecía que también, pues evitó mi mirada durante su historia. Cuando me fijé en sus ojos, ya casi vacíos vi una lágrima. No quise preguntarle, pero creo que en el fondo le daba algo de miedo morir. A pesar de sus creencias temía no verla. No sabía qué pensar. Efectivamente no creo en Dios, pero aquel hombre... ¿Podría ser que no la volviese a ver? Deseo de todo corazón que exista algo, y se vuelvan a ver.

Empezaba a hacer un poco de frío. Debió de notarlo y me ofreció su chaqueta. Olía de una forma extraña. Olía a vida, pero también a muerte. Olía a sabiduría y a risas, pero también a errores y a lágrimas. Olía a todas las músicas, a pólvora y barro, a perfume y agua, a bosques y mares. Tenía miles de bolsillos, que imaginé llenos de historias. En algunos estaba el amor que había sentido por ella, en otros los sueños que había vivido, los viajes que había hecho y la sangre que había derramado. En uno, escondido cerca del corazón, estaba la vida que había quitado. En otro, secreto, estaban sus temores. En el más cercano a su mano derecha estaban los consejos que había acumulado durante una vida y en el más lejano los errores. Me sentía seguro con esa chaqueta.

"¿Sabe? Me recuerda a mi abuelo". Esta vez la lágrima fue mía. Sus ojos estaban cerrados y sonreía. Rocé su mano muy levemente y seguí mirando las flores. Podría dejar algunas en su tumba, seguro que le gustaría. También le llevaría una a ella.




jueves, 1 de noviembre de 2018

Yo soy la ONU (by Santi Balmes)

Hace como un millón de años que tengo eso que dicen el bloqueo del escritor. Bueno, más bien bloqueo a secas, ya que para la segunda parte de este titulo me falta mucho. 
Pero la vida te da sorpresas. Y hablando con cierta persona, se mencionó un libro (de donde sale el texto), se mencionó el hecho de escribir, y me inspiró. Nunca sabes que va a pasar, y aunque crea que mi torpeza creativa solo es comparable a mi torpeza social, "Del agua estancada espera veneno" que dijo W. Blake. Así que quiero intentar dejar de estancarme, y eso exige acción. 
Pero hoy no es ese día en el que la inspiración llega fácil. Hoy comparto un texto de una persona que admiro enormemente, un artista maravilloso. Y sin duda, un texto que me define a la perfección. Es un paso.
Saludos a mi mismo, que se que me leo de vez en cuando, aunque sea en un lapso de años.
A veces mi bloqueo no lo arregla nadie. Ni siquiera la OTAN. No procede del exterior, sino que fue decretado por un tal YO, ejerciendo de Presidente de Sí Mismo, supuestamente en beneficio de su unidad nacional.

Soy algo así como Corea del Norte, sin ir uniformado ni desfilando en procesión de autómata lobotomizado. No. Tampoco hay para tanto. Es una cerrazón subjetiva y emocional. No es que amenace a mis vecinos con romperles los cristales o sus bolas peludas de una patada si no me dejan vivir en paz. Quizás he puesto a ese Estado como ejemplo exagerado, pero tú ya me entiendes, hablo de momentos transitorios donde me convierto en una piedra que únicamente transmite opacidad. En mis ojos, la luz de más de un prójimo ha salido rebotada. Es evidente que en algunos momentos yo he sido Corea. En el fondo, he deseado ser intervenido y derrocado.

Pero insisto. No me dejes. Es puntual. Te pondré otros ejemplos y verás que yo soy la ONU.

Cuando llega la noche, únicamente en ese momento, soy Jamaica. Sonrío entre campanas de humo y pienso que todo esta bien, my friend. Aunque no lo esté en absoluto.

Otras veces soy un cubo elaborando conceptos sagaces como Alemania. ideas claras. Con sus lados y aristas. Elucubraciones geométricas. Teorías como cubos, perfectamente ordenadas. Momentos en los que acabaría con el caos y la ineptitud a golpe de pistola.

Ah, y en otras ocasiones he copiado como China. He plagiado vilmente melodías, gestos, personalidades, aunque luego ha aparecido mi pequeña Francia y se ha rebelado de tal manera ante tamañas inmoralidades que me he sometido a mí mismo a un juicio popular, me he requisado todo bien usurpado, me he encerrado en la Bastilla, incluso me he decapitado.

Por cierto, como China, también me he sentido viejo, milenario.

He sido la Australia de mí mismo. Algunas veces me he convertido en la más patética antiimagen. He personificado todo lo contrario a mis ideas y mis sueños. Me he visto trajeado frente a un monitor insípido. He intentado tragarme con embudo los sueños de otro ser humano, pero sus ambiciones caían por las comisuras de mis labios y no había nada que hacer excepto largarme a dar la vuelta al mundo, como mínimo a mi mundo. Nada más y nada menos que a recuperar mi eje planetario. Creo que ese viaje era importante.

He sido mis Antípodas: he odiado donde debería haber querido, y he ignorado donde debería haber perdonado. Y al revés, para mi desgracia, también he obrado.

A veces soy una jungla de ideas. Un amazonas donde todos los animales salbajes de mi mente-ecosistema, lo has oído bien, todos los bichos buenos y todos los malos, croan, gruñe, ululan, chapotean, estrujan, babosean, acarician, pican, comen, follan, cazan, desgarran, devoran, vigilan, nadan, amamantan. He sido tan variopinto como provisto de color. Un YO tan complejo como la selva. He sido, en definitiva, la puta vida en su estado más salvaje y creativo.

Sin embargo, en otros momentos tengo el cerebro tan seco y tristemente vacío como una nuez podrida y un polvorón navideño de almendra, desnudo de embalaje. Nuez podrida y polvorón, abandonados a su suerte en una duna que hierve en el desierto del Sahara.

A pleno Sol.

¡Mira el mazapán de mi nulidad mental, está siendo desintegrado por el viento, migaja a migaja! ¿Es un espectáculo dantesco? No sé qué decirte, yo no diría en absoluto que es para tanto, al menos a mí no me importa en absoluto. No me importa una mierda, en estos preciosos instantes. Incluso entonces pienso que es bonito ver cómo uno se descompone. No podrás verlo cuando estés muerto.

A veces pongo la mente en blanco, o detecto lapsus, y en otras ocasiones, de tanto vacío que me noto por dentro, creo que no tengo un "dentro" y que no estoy bien acabado. Algunas noches, de tan vacío, me siento un depravado.

Pero entonces sucede el milagro en el desierto, en mi desierto. Algo así como una lluvia, o la llegada de la fría y negra noche abisal. Como te decía, todo vacío en mí es también transitorio. Por las cuestiones que sean, no puedo permitirme pasar demasiados días viviendo en mi pequeña duna, en ninguna circunstancia: ni en el cegador sol diurno ni a la intemperie iluminada por un firmamento repleto de estrellas cuyo calor no nos llega y cuya luz nos parece helada. Las insolaciones van caras, se tornan delirio, y la hipotermia nocturna existencial sucede, vaya si sucede. Aunque el proceso sea lento, la soledad te empapa los huesos con su escarcha.

Los pensamientos, en una mente desértica, parecen alucinaciones.

En otras ocasiones he sido del no-país de los gitanos. He sido fiel a mis costumbres, y leal a mi propio caos. He tenido aquel duende dentro de mí y me he sentido maldito, como si de mi piel surgiera un tatuaje portuario. He visto a los demás como simples payos, gente sin gracia, sosainas sabiondos, gente de la que aprovecharse, unos autenticos pringados.

Ah, maldita sea. He malgastado el dinero como un centro comercial en la Arabia Saudita. He vilipendiado el vil metal, o el vil plástico, como si su banda magnética pretendiera desimantar. He arrojado el dinero por la puta ventana, como si no lo quisiera, cosas de ser un buen culpable judeocristiano. He malgastado el dinero como si no lo hubiera merecido. Pero a veces he pensado, dentro de mi Arabia Saudita, que si no malgastas el dinero, será el dinero el que acabe malgastándote a ti.

He sido orgulloso como Inglaterra. Pirata. Cuco. Estratega. Arrogante. Excéntrico. Monárquico de mí mismo.

He sido comerciante cual Fenicia.

He amado la vida como aquel cura sátiro de la Toscana.

He sido tan hedonista como lo son los valencianos, y he pensado que soy el centro oculto de lmundo, como lo siente mi tierra bañada por el Mediterráneo. Del mismo modo que una Catalunya entera, he sido grosero, un grano en el culo del casposo, surrealista e innovador, conservador y realista, currante hasta la extenuación, iconoclasta, educado, políglota, meritocrático, desconfiado e insolente con aquel que parece haber comprado un título nobiliario.

He sido España, He sido místico. He sido histórico, histérico, he sido lírico y he sido un maldito bocazas. He sido variado, pintoresco, primario, poco dado al diálogo. He antepuesto la vida al trabajo, aunque otras veces he sido Japón, todo lo contrario.

He tenido tentaciones suicidas como todo japonés de bien.

He sido México, visceral y apasionado.

He sido Sodoma y Gomorra, aunque sólo de pensamiento.

He sido rival de mí mismo, como Oriente Medio. Me he lanzado misiles y a veces me he hecho daño.

He sido absurdo como el nombre de La Haya, y permisivo como Ámsterdam.

A veces, pensando y pensando, he llegado al Himalaya.

He sido enigmático, como la URSS del pasado y la Rusia del presente.

Ignorado como el reino de Bután.

Exótico como Singapur.

Adolescente, egoísta, optimista y demagógico, como Estados Unidos.

He sido silencioso y he vivido partes de mi vida de la manera más tranquila y discreta posible. No he generado noticias: ni buenas, ni terribles. Exactamente como Canadá.

A veces he sido invadido como el Tíbet.

Aunque siempre me he liberado.

He sido neutral, como Suiza, rodeado de mis montañas de nieves perpetuas.

He sido la fiesta de Brasil a las doce, y a las cuatro de la mañana me he reconocido como una Haití devastada.

He sido una república bananera.

He sido Siberia.

He sido el Caribe.

He sido los Balcanes, los Urales, y he sido tierra de volcanes, sublevados. 

Yo soy la ONU.