Siempre es incierto el resultado,
el riesgo que corres al saltar.
Pero tienes que saltar.
Porque si no saltas,
te perderás la emoción del salto.
Y qué es ese salto,
sino la vida misma.
Y porque pase lo que pase,
sea bueno, o malo el resultado,
siempre habrá alguien sujetándote,
abriéndote un paracaídas.
Y ese alguien, eres tú mismo.
Así que menos pensar qué pasará,
menos miedo...
Y más vivir.
Esa es la receta para nunca arrepentirse de nada.
Como decía Tennyson sobre el amor, aunque sirve sobre todas las cosas:
“Mejor amar y haber perdido, que jamás haber amado”
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