Pulso una tecla y adiós pensamiento. Llegó a nacer, pero no quedará aquí plasmado. El título ya no encaja. No es el primero. No sé si lo cambiaré. No quiero escribir, sólo pensar. Pensar en cosas como que antes todo era más fácil. Entonces no lo parecía, claro. Dentro de años esto me parecerá fácil, ¿no? Nunca pensé que pudiera haber exámenes más difíciles que los de Empar Marqués y jamás me creí capaz de hacer los ejercicios de Enrique. Ahora no son los profesores quienes me presionan. Hubo una época en la que odiaba a las chicas. No era por nada, simplemente por encajar, supongo. Si no las odiabas te gustaban, y eso era algo malo, muy malo. Nuestro color favorito era el negro y el suyo el rosa. Y mi madre me obligaba a beberme el batido de fresa, aunque lo odiase. Mi mente vuelve corriendo al colegio y ahí ya me gustaban las chicas. A todos nos gustaban las chicas. Si no te gustaba alguna es que te gustaba un chico, y eso era malo, muy malo. Lo normal era que te gustase Ella. Más adelante otras. Pero nunca las raritas. Éramos muy crueles. No sabíamos nada. Ahora también soy algo cruel, y dudo que sepa algo. Y otra vez a Moncada. Una vez me costó mucho dormir la siesta porque mi madre me iba a comprar una tortuga ninja. Ahora no recuerdo si al final me la compró. Siempre me daba mucha pena cuando llegaba tarde a clase, porque no me daba tiempo a despedirme de ella. A veces me guardaba una moneda de 50 céntimos en el zapato y no me daba pena. Otras veces era una de esas conchas raras que encontrábamos en El Puig y eran como ensaimadas. También lo hacía los primeros días de clase en el colegio. En el instituto creo que sólo lo hice un par de días. Hace tiempo que no lo hago, pero a veces necesitaría tantas monedas y tantas piedras en mi zapato... Supongo que es inevitable aferrarse a algo. Siempre me aferro a esperanzas, por vanas que sean. A la gente le digo que no, que espero lo peor, e incluso me intento convencer, pero en el fondo sé que no quiero pensar eso, que pienso que va a suceder lo mejor y entonces... no viene, no está, no llama, no es así... Siempre es un palo y siempre duele, pero sigo pensando que vendrá, que estará, que llamará, que será así...
Y de repente la Universidad. Y de repente soy mayor. Nadie me ha preguntado si quería serlo, pero todos han asumido que sí. Ya no soy un niño. ¿Por qué? ¿Por qué tengo que aguantar cargas que no quiero? ¿Por qué tengo que tener prioridades y que renunciar a cosas y personas? ¿Por qué tengo que estar lejos? ¿Por qué las cosas son tan diferentes sin haber cambiado un ápice? ¿Porqué es o blanco o negro? ¿Por qué donde yo veo algo la gente no ve nada? ¿Por qué no veo nada en lo que la gente ve? ¿Por qué ya no puedo correr por la calle porque entonces estoy loco cuando antes lo hacía y era un niño adorable? ¿Por qué me miras así, tú que no eres nada? ¿Por qué tiene que estar mal si yo lo veo bien?
Y vuelvo al pasado y no había presiones, y no era mayor para nadie, y nadie me necesitaba, y cuando necesitaba a alguien estaba allí, y no había ogros, y la gente era distinta, y... joder, y no había tunos...
No es nada, simplemente quería escribir algo.