jueves, 16 de julio de 2015

Decisiones

La vida son todo decisiones, no es ningún secreto. Más de una persona pretendidamente sabia ha creído conocer un gran secreto por saber algo tan universal. La gente suele creerse muy importante cuando en realidad no lo es. Si crees haber descubierto algo probablemente estés equivocado, si no ya lo habría pensado alguien antes que tú. Alguien solía decirme eso. Tal vez fuera mi padre.
El caso es que la vida es decidir. A veces esas decisiones no parecen afectarnos. Otras pueden cambiar tu vida. Sé mucho de esto. Decidí y me equivoqué. No me importa. No me gusta nada perder, pero por una cuestión de orgullo. Por lo demás me da igual. No tengo nada que perder, tampoco nada que ganar. Supongo que por eso acepté, es decir, decidí. ¿Y me equivoqué? Tal vez no en la decisión, tal vez sí.

Vamos escribiendo nuestras vidas con nuestras decisiones. Algunas vidas están bien escritas. Otras son algo así como best-sellers, influyen en mucha gente. La mayoría pasan desapercibidas para casi todo el mundo. Obruchas mediocres que nadie nunca releerá. ¿La mía? No creo que sea especial, tal vez algo diferente a la de la mayoría. Tampoco mucho. Me fijé mucho en mis decisiones. Eso no quiere decir que las meditase mucho, quiere decir que fui consciente al tomarlas. ¿Por qué lo hice? Supongo que me gusta saber el porqué de las cosas. Por ejemplo, cualquiera diría que el estar hoy aquí en la cárcel es fruto de una decisión que tomé hace poco. No lo es en absoluto. Hay que remontarse a las primeras páginas del libro de mi vida...

No recuerdo exactamente el día. Creo que era par, pero dudo entre dos fechas. El mes si lo recuerdo: Marzo. Si, Marzo de hace 7 años. ¿El tiempo? Me parece que era un día gris, pero no puedo asegurarlo. Hay recuerdos que no encajan en días soleados.

Sin embargo ese sí que lo era. El día que entré en prisión era un día soleado. ¿Lo recordaré así dentro de unos años? También era soleado el día que tomé la segunda decisión que me trajo aquí. No es que lo recuerde, pero fue en Julio cuando decidí matar a un hombre, por lo que probablemente fuera un día soleado. La verdad es que no me lo pensé mucho, pero quería que el cabrón que me ofreció el trabajo sufriera un poco. Bueno, la verdad es que casi no le conozco, pero si pagas a alguien por que mate a otra persona eres un cabrón. Un cabrón que quería darme explicaciones. Explicaciones que yo no quería oír. Principalmente porque me daba absolutamente igual, pero también influí el hecho de que sabía que intentaba que yo le disculpara. El muy capullo iba a pagarme porque matase a una persona y se sentía mal. Y yo que iba a matarla estaba tan tranquilo. Ya me daba igual. Lo hacía porque no perdía nada. Ya lo había perdido todo hacía tiempo por una estúpida decisión...
No me apetecía ir a clase. No soportaba a casi ninguno de los gilipollas que había allí. Empezando por la profesora y acabando por la guapa, pasando por empollones, graciosos o raritos. Merecían la pena tres o cuatro y con ellos fui al parque. Es posible que empezase a llover, o tal vez simplemente hiciera mucho frío. El caso es que algunos se fueron a un bar y otros a clase. Yo me fui a casa. No parece nada del otro mundo, ¿verdad? Pues aquello cambió mi vida.

Empezaban a aparecer oscuros nubarrones. Mejor, así no tendría que recordar ese día como uno soleado. Los días malos son grises. Tiene que ser así. En la naturaleza los animales venenosos advierten a los demás que lo son mediante colores. En el página a página, por continuar con la patética metáfora, de nuestras vidas, eran las nubes las que avisan de cuán venenoso será el nuevo día. Tal vez si lo hubiera sabido entonces no habría ido a casa...

Pero fui. No sabía si habría alguien, tampoco me importaba. O eso creía. Abrí la puerta y vi más desorden del habitual. Éramos unos jodidos cerdos, pero no tirábamos las mesas por los suelos. Escuché golpes en la cocina y allí me dirigí. Me considero algo así como un "tipo duro", pero todavía me es raro recordar esas imágenes. Mi madre era una puta, pero al menos a veces demostraba cariño hacia mí y no merecía que el borracho de mi padre la diera una paliza. Le dije que parase y me tiró una botella a la cabeza. A estas alturas de mi vida todavía no he descubierto si fue realmente ese el detonante o lo que había visto antes. El caso es que fue una de las pocas veces en las que no sé muy bien porqué actué. Simplemente cogí un cuchillo y se lo clavé a mi padre. A mi propio padre, pensaba cada vez que lo volvía a introducir en su pecho. Lo que nunca imaginé fue que mi madre fuera entonces a golpearme también. Mal hecho mamá. Supongo que tú tampoco te tomaste tu tiempo para pensar. Para serte sincero me dolió muchísimo más matarte a tí. Supongo que por eso en tu caso fui directo al corazón. Supongo que por eso te besé entre lágrimas mientras llenabas la cocina de sangre. Entre lágrimas...

Jodidas lágrimas. Se supone que son un mecanismo de defensa y no hacen más que nublar la vista. ¿Cómo me voy a defender si apenas puedo ver? Me costó, pero desde entonces no lloro excepto al recordar ese momento. No lloré cuando me cargué a ese tío. No lloré cuando tuve que matar también a su hijo de ¿cuatro? ¿cinco años? por el simple hecho de haberme visto. Por supuesto no lloré cuando reventé la cabeza del capullo que me pagaba cuando se dio cuenta de que todo se le había ido de las manos. No lloré cuando la policía vino a por mí y no lloré al conocer la sentencia. Y no creo que vuelva a hacerlo. No tengo porqué recordar otra vez qué me ha traído aquí. Son decisiones pasadas y nada puedo hacer respecto a ellas. Me dedicaré a meditar cada nuevo capítulo que aparezca en el libro de mi vida...

miércoles, 15 de julio de 2015

Reflexión, by Alejandro Jodorowsky

El primero es un acto poético:
Ama tu ciudad: antes de salir a pisar la calle, perfuma las suelas de tus zapatos.

El segundo se relaciona con el ego emocional:
Acuesta a tu pareja en la cama, desnuda, y bésala desde la punta de los pies hasta la cabeza, lentamente, en cada una de las porciones y rincones de su cuerpo, sin dejar ni una, mientras vas diciéndole: "Eres amada, eres amada, eres amada...". Así durante tres o cuatro horas... ¡Un cuerpo, recorrido milímetro a milímetro, es casi infinito!

El tercero:
Ante una conversación importante, ponte antes miel en la boca. Que tus palabras sean dulces, ¡aunque hables con tu enemigo!

El cuarto:
El lenguaje es el más alto producto del sistema nervioso. El lenguaje modifica la médula nerviosa de las personas. Si insultas, ¡te perjudicas! Sánate con poesía.
Escribe un poema cada mañana. Yo lo hago. Recomiendo a todos los que lean esto que lo hagan.

domingo, 5 de julio de 2015

El otro día hablé con un pájaro

El otro día hablé con un pájaro. Nunca antes lo había hecho y creo que también fue su primera vez. Me contó que la famosa fase de "me lo ha dicho un pajarito" era verdad en parte. Me dijo que los pájaros no solían hablar con las personas porque les aburríamos y que cuando lo hacían no era para contarnos cuándo era el cumpleaños de un niño o las notas que había sacado. Solían emplear esas charlas, decía, para cosas más útiles. Algunos, por ejemplo, habían inspirado grandes obras literarias con sus conversaciones.

La verdad es que me sorprendió lo bien que hablaba y lo fluido de la charla, aunque, como ya he dicho, era la primera vez que hablaba con un pájaro, por lo que no estaba acostumbrado. Por ello me costó entenderle al principio, pues empleaba metáforas constantemente.
Sólo por curiosidad le enseñé una foto y le pedí que la describiera. Nunca tildó el cabello de un color determinado, sino que lo comparó con las hojas otoñales, con un amanecer. Los labios no fueron fresa, sino un pliegue por el que amanecían sonrisas y los ojos fueron, para él, el comienzo del otoño, tantas veces buscado... 

Después de esta descripción seguimos hablando, pero le notaba distinto. Le pregunté que qué le pasaba y me pidió que le llevase a esos ojos, que quería verlos en persona. No podía negarme, pero no podíamos llegar allí andando, así que me confesó un secreto. Me dijo que él podía convertirme en pájaro y dejarme volar con él, pero que, a cambio, yo tenía que guardar todos los secretos que descubriría siendo pájaro. Una vez prometido fuimos volando hasta unos montes infinitos en los que tan sólo había dos personas. Ambas me resultaban familiares. Una era la portadora de tan maravillosos ojos. De la otra sabía todo, aunque nunca había hablado con ella. 

Al volver le prometí de nuevo a mi compañero de viaje no revelar nada de lo descubierto. Después desapareció. No he vuelto a hablar con él, pero espero impaciente nuestra próxima charla.


miércoles, 1 de julio de 2015

Des-Ahogarse

El mundo está cada vez más lleno de gente, faltan personas.
Encontrar una persona interesante es uno de los mayores desafíos que se nos presentan en la vida, algunos tienen suerte y encuentran varias, otros, también con esa misma fortuna, encuentran una sola.
Pero hay algunos que no la encuentran, no porque no exista alguien que pueda resultarle interesante, sino porque son incapaces de darse cuenta de quién merece la pena y quién no.

Una "leyenda" relacionada con eso es aquella que nos habla de las almas gemelas. Se dice que estas son las almas de dos amantes, que en otra vida no pudieron dar rienda suelta a su amor, y van deambulando por el tiempo, esperando renacer y reencontrarse por fin, y así, poder sentirse completos.

Pero hoy en día, en mi humilde opinión, esto es imposible.

¿Cómo cojones vamos a encontrar nuestra alma gemela, gente interesante, un "llamalo como te salga de los membrillos", si hoy en día solo existe el YO? Vivimos para nosotros, pendientes de nosotros, pensando en nosotros y en lo que nosotros queremos o dejamos de querer. Hemos tenido la suerte o la desgracia de nacer en estos tiempos de egoísmo. 
Creo que hoy en día, somos perfectamente capaces de ir por la calle, cruzarnos con esa persona, que haya una resonancia entre nuestras almas... y no darnos cuenta, porque nos acaba de llegar un whatsapp o estamos pensando en lo agobiados que estamos por tal o cual cosa.

Pienso que vivimos una época muy triste, pero a pesar de ello, creo que debemos creer en ese amor inmarcesible que, si empezamos a ser más personas y menos gente, si conseguimos desarrollar esa maravillosa cualidad llamada empatía y salimos de nosotros mismo, podrá encontrar cada uno de nosotros, sin necesidad de esa veleidosa diosa llamada Fortuna.

Al alma, lo que es del alma.
Y como me jode que esta sea la mejor forma de expresarlo, con lo que odio las religiones...