domingo, 21 de abril de 2019

Cuando piensas sobre relaciones en voz alta


Lo mejor de la soltería, dicen, 
es que haces lo que quieres, cuando quieres...

Lo mejor de tener pareja... 
es que haces lo que quieres, cuando quieres… 
y con quién quieres.

Al menos, las relaciones sanas, 
las que merecen la ¿Pena?
No, mejor la alegría.

No se, no veo tanta diferencia, 
ni porque actualmente las personas,
inventan tantas razones para temer lo segundo y desear lo primero.

Llamadme romántico si queréis…

Pero dudo que os responda, que me llamo Jose.

Y a las cosas, por su nombre.

martes, 9 de abril de 2019

A veces

A veces cambian las cosas. A veces cambian las personas. A veces cambias tú. 

A veces utilizamos el odio para acabar con el amor. A veces necesitamos ese amor, pero nos empeñamos en odiar. 

A veces miro al mundo y le perdono por ser como es y no ser como debería. El mundo nunca me mira y rara vez perdona a quien es como es y no como debería. 

A veces escribo sin pensar y otras pienso y no escribo. 

A veces actúo sin pensar y otras pienso y no actúo. A veces querría haber actuado y a veces querría haber pensado. 

A veces querría volar. A veces querría amar. 

A veces pienso que seré y otras pienso que ya fui. A veces pienso que soy. A veces me pregunto qué seré y otras me pregunto qué fui. A veces me pregunto qué soy. 

A veces me gusta respirar la primavera que nos regala el invierno. 

A veces lloro con la lluvia y otras río mientras llueve. 

A veces es sí y a veces es no... 

A veces la belleza de lo cotidiano me deslumbra, mientras que a veces la monotonía de lo cotidiano ensombrece mis sentimientos. 

A veces pienso en los que no están y lloro y a veces pienso en ellos y sonrío. A veces pienso en los que están y lloro y a veces pienso en ellos y sonrío. 

Es curioso lo que, a veces, pasa...

domingo, 7 de abril de 2019

El Barco


Últimamente, antes de soñar, pienso en un barco.

Un barco con un aguerrido y loco capitán y valientes y aún más locos marinos. Un barco con historias y aventuras, tesoros y princesas, batallas y travesías, desconocidas playas y horribles tormentas.

El barco a veces navega por interminables mares, desde su nacimiento en una lágrima hasta su desembocadura en el infinito de una sonrisa. Otras veces es un simple juguete en una pequeña bañera en un barrio cualquiera.

Lleva escritores, lleva poetas, lleva músicos y lleva magos. Lleva también asesinos, ladrones, piratas y fantasmas.

En él van la vida y la muerte jugando a las cartas con la suerte y el destino, con la risa y el llanto. La primera ganó, la segunda ganará. La tercera y la cuarta controlan la partida sin que las otras sepan que están ahí. Las dos últimas siempre hacen trampas.

El barco soy yo y emprendo aventuras, y el barco soy yo y me hundo y nunca llego. El barco a 
veces es nadie y otras es ella.

Las velas son su sonrisa. Y avanza. El ancla, la distancia. Y se detiene.

Por la tabla pasan incesantemente minutos y horas que caen a los tiburones del olvido. A veces una sonrisa se lanza desde la cubierta para rescatarles. Muchas son las veces que casi tiene que tocar el fondo para recuperarlas.

El barco cambia pero sigue igual. Si se rompe se repara y si se repara nunca se rompió.
Por las noches no se detiene, sino que vuela. Visita lugares imposibles y vive historias que nunca ocurrirán. Con el sol regresa de los sitios donde no estuvo y trata de recordar lo que no le pasó.

En cubierta, dirigiendo, una figura. Bella, femenina, pequeña, gris, pero alegre. Inteligente, dura, fuerte, de hielo, pero el fondo cercana. Sus palabras mueven el timón. Sus gestos, las velas. Sus besos, los remos.

Hay marinos que comparten, respetan, ayudan y ríen. Hablan y juegan. Todos juntos recuerdan. Aprenden unos de otros lo que nunca nadie podrá enseñar.

Hay fantasmas. Unos son respetados y admirados. Los otros temidos. Los respetados, majestuosos, firmes, infinitos, luchan dentro y fuera contra los temidos, que aparecen, que dañan, que asustan.

Y entonces, sin darme cuenta, te sueño...