Una de las cosas que más temo es la oscuridad. No es que sea una
persona poco valiente, es debido a mi enfermedad. Aunque no es exactamente una
enfermedad, es más bien un pequeño desajuste orgánico: mi alma tiene 8’2
segundos de retraso con respecto a mi cuerpo.
Parece ser que, al nacer yo, mi alma no estaba del todo preparada, le
faltaban unos retoques de última hora y llegó a mi cuerpo 8’2 segundos tarde.
Desde entonces funciono con una demora de ese tiempo. No entiendo lo que me
dicen, leo, veo o escucho hasta 8’2 segundos después de haberlo hecho. Tampoco
siento dolor, tristeza, hambre, sed o sueño. Y tardo bastante en pillar los
chistes. Quienes me conocen lo saben y tienen paciencia conmigo, me ayudan
bastante.
A lo largo de la historia hemos sido pocos los que hemos sufrido esta
situación. Mención aparte merece Michael Johnson, un americano que sufría un
retraso de 23 horas. Se suicidó saliendo a la calle.
Por lo tanto, conociendo mi condición, es normal que le tenga miedo a
la oscuridad. No sólo no veo nada, sino que, además, tardaré casi 10 segundos
en reconocer lo que encuentre. Y lo que más odio (con un leve retraso) es
encontrarme de repente a oscuras.
Lo que más me gusta es soñar. Soñando todo va a su tiempo, no tengo
sobresaltos.
Una vez estuve enamorado. Bueno, varias, pero una de verdad. Nos
tratamos bien, nos amamos, quisimos agotar todo nuestro amor, pero no pudimos.
Tuvo que irse y renunciamos el uno al otro, poco a poco la perdí.
Hacía que me olvidase de todo, que todos los segundos fueran uno.
Una vez traté de conducir, por si alguna vez lo necesitaba por una
urgencia. Por supuesto, tomé precauciones y fui a un descampado enorme. No lo
volví a intentar y siempre llevo dinero para un taxi, por si alguna vez lo
necesito por una urgencia.
Hace unos años soñé que era Michael Johnson en su último día de vida.
Soñé que durante las 23 horas que estuve vivo y mi cuerpo muerto era
completamente libre para hacer lo que quisiera. Al despertar quise creer que el
pobre Michael había disfrutado de esas 23 horas de vida. Sus primeras 23 horas
de vida.
Me encanta cocinar, porque es un reto. Mi especialidad son las
pechugas villaroy. Me salen cojonudas y jamás revelaré mi secreto.
Porque no lo tengo.
Trabajo delante de un ordenador, donde no importan mucho 8’2 segundos.
Lo que más le gusta a mi hermana es asustarme. Ya no vivimos juntos,
así que lo hace menos. Se esconde, espera a que aparezca y grita. Ocho segundos
y dos décimas después grito yo. Se ríe. Ocho segundos y dos décimas después me
río yo.
Mi psiquiatra, sin embargo, cree que mi miedo a la oscuridad es porque
de pequeño viví una situación traumática a oscuras.
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