sábado, 21 de marzo de 2020

Fuerza

Hoy en día, todo el mundo quiere ser fuerte, quiere pensar que lo es. Que va a poder soportar todos los males que vengan, que pudo con las dificultades del ayer, y que podrá con las del mañana. Pero… ¿Qué es ser fuerte? Yo no creo que ser fuerte sea algo tan sencillo.

Ser fuerte no es ser capaz de vestir una armadura completa, donde rebotan todos los golpes y nada ocurre. Ser fuerte consiste en aceptar que suceden esos golpes. Aceptar que la vida duele, y procesarlo. Y eso, además de ser difícil, no se consigue con un chasquido de dedos, se necesita tiempo. Pero claro, vivimos con prisa, somos impacientes y no nos gusta esperar. ¿Para qué ir por el camino largo si podemos coger el atajo? “¿Disfrutar del camino? Tú has visto muchas películas…” Y hacemos esto porque no queremos aceptar quien somos, y queremos fingir. Nos gusta hacer como que nada ha pasado, sonreír delante del espejo, y salir brillando, como si nada hubiese ocurrido.

La verdad es que ser fuerte, es saber que vas a tener un día malo. O dos. Un día triste. Un viernes que sabe a domingo, o incluso a lunes. Un día que duele, en el que todo parece equivocado. En el que todo está mal. En el que recuerdas, echas de menos, o echas de más. En el que el futuro no existe, o lo que es peor, es catastrófico. Pero también sabes que esto pasará, que nada es eterno, seguir adelante, luchar, y volver a tener tus días normales, tus días felices, tus días feos.

En definitiva, ser fuerte es permitirte quitarte esa armadura, darte permiso para estar triste, no juzgarte y seguir adelante. Porque al final, hay pocas verdades inamovibles en esta vida, pero una de ellas, es que después de la noche, sale el Sol, y el día vuelve a brillar.

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