lunes, 25 de marzo de 2019

El callejón más oscuro

Quedaba poco para el fin del mundo y corríamos buscando el callejón más oscuro. Queríamos iluminarlo. Lo decidimos el día que anunciaron que sólo quedaban dos semanas de vida.

Lo vimos por televisión, pero lo dijeron radios, periódicos y prácticamente todas las webs: El fin del mundo llegaría en dos semanas. No se sabía cómo sería ni se tenía claro del todo a qué se debería, pero el fin del mundo era cuestión de días. Eso decían todas las ecuaciones.

Al principio escepticismo. Después precaución. “Hagamos una lista de todo lo que hay que hacer. Si luego no llega el fin del mundo nos reiremos de nuestra credulidad.”

Supimos que era verdad al llorar haciendo la lista.

“Día 1: Estar con mis padres y con los tuyos. Ver todas esas películas que queríamos ver y escuchar todos esos discos que teníamos pendientes. Saborear cada carcajada. Abrazarnos al dormir. Muy fuerte”

Tirabas fuerte de mi mano. Por primera vez eras tú la que tenías prisa. Habías encontrado el callejón perfecto. Me besaste como sólo tú eres capaz de besarme. Fuerza, pasión y suavidad. Amor y deseo. Tus manos nunca quietas, las mías tampoco, hasta que se encontraron. Pasión, pasión, pasión.

“Días del 2 al 11: Ver a todos. A vosotros, a ellas. A ti y a ti. A Jorgito. A los de clase. A los de siempre. Emborracharnos juntos. Jugar al parchís, al dominó y al truc. No llorar.”

Un momento para mirarnos. Uno más. Te dije como siempre que te miro que me encantan tus ojos y me mandaste callar una vez más. Nos deseábamos, pero queríamos bucear en los ojos del otro una vez más. Nunca sabré si brillaban por las lágrimas o por mí. O quizás sí, pero no me dejarías decirlo.

“Día 12: Leer mucho. Cosas distintas, mías, tuyas o de Lorca, Bécquer, Neruda, el uno al otro, a la vez (-¿Ya? +No, un segundo… ya). Con música. Emocionarnos y cantar. Reírnos.”

Te apartaste cuando me acerqué a tu oído y tuve que insistir. Volvió a hacerme gracia tu aversión a las cosquillas, que nunca pudiera posar mis labios en tus orejas... Quería decirte que, si todo era verdad, te iba a echar de menos. Y que te quería. “Yo más”. Tuve que cerrar los ojos. Mis lágrimas cayeron en nuestros labios.

“Día 13: Dormir, comer, baños relajantes, masajes. Disfrutar. Discusiones teológicas. Quedar en un sitio del cielo o el infierno, por si acaso.”

La ropa molestaba. Me alejaba de ti. Busqué todos tus lunares, quería contarlos. También el de la mano. Busqué también cada uno de tus tatuajes. Me despedí de ellos. Tú de los míos. Besos, caricias, sudor.

“Día 14: Decirnos que nos queremos nada más despertarnos. Ver el amanecer y el atardecer. Hablar. Mirar las estrellas. Buscar el callejón más oscuro y hacernos el amor.”


Jadeos. Suspiros. Palabras. Un beso. El fin del mundo.

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