domingo, 10 de abril de 2016

Sueños

“Soy una persona afortunada, siempre he tenido un don. Puedo soñar. Puedo entrar en un sueño y permanecer en él todo el tiempo que desee. Soy, probablemente, la persona más libre de mundo. Pero ahora estoy encerrado”

Un día estaba soñando, y decidí no salir. Todo iba mal, era difícil, y estaba aterrado. Pensé que no podría con ello, entre en mis sueños y cerré la puerta. Luego no pude salir. Fuera, tenía una vida, amigos, estaba enamorado… Dentro también lo tenía, pero no era lo mismo. Podía venir ella, besarme, abrazarme, pero sus caricias se desvanecían demasiado pronto. Podían venir mis amigos, y bromear, jugar, hablar, hablar y seguir hablando… pero sus frases no tenían sentido y las olvidada nada más oírlas.

Cuando me di cuenta me asusté, lloré. Era la primera vez que me pasaba esto en un sueño. Quería salir, pero no sabía cómo hacerlo.

Estaba en una playa cuándo tuve una idea. Tenía que soñar, soñar un lugar por dónde salir, una forma de escapar. Tenía que dejar de verlos para estar realmente con ellos.

La llevé al parque de siempre, ella lloraba. “Te voy a echar de menos” decía. “Ya lo sé, pero quiero verte, necesito verte” le dije. Al mirarnos me pareció real, y me asusté.

Les llevé a todos a un acantilado, cómo en las películas, así parecía más épico.

Esperaba un agujero negro, un vacío o algo por el estilo, pero sólo había una puerta. Intenté abrirla, pero fui incapaz, estaba cerrada con llave. Les pedí un último favor, intentamos derribarla, pero no pudimos.

Entonces apareció ella, me besó y puso la llave en mi mano. Sentí su beso, sus labios, y la llave me pesó, me pesó cada recuerdo con ella, y encontré un miedo más grande que yo mismo. Pensé, que quizás, no era un sueño, pero tenía que irme... Me dirigí a la puerta y salí por ella.

Luz cegadora… escuché algo y me di cuenta que hacía mucho que no escuchaba nada de verdad. Abrí los ojos y sentí la misma sensación. Vi que ella estaba allí, en la cama, a mi lado.

No quise despertarla, pero no pude evitarlo. Nos fundimos, entre lloros, en un abrazo. Entraron todos e hicieron lo mismo.

“Tenía mucho miedo” me dijo después de besarme.

“Y yo” contesté.

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